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Tu embarazo paso a paso: el noveno mes

Tu embarazo paso a paso: el noveno mes

En estos meses hemos ido contándoos cuál es la evolución que tanto las futuras mamás como sus bebés van experimentando a lo largo que avanzan los meses de gestación.

¡Y por fin hemos alcanzado el noveno mes de embarazo! ¡La recta final! ¡El mes más esperado!

Y vamos allá para contarte qué vas a experimentar en esta etapa final de tu gestación.

Es común que sientas una fuerte acidez de estómago y dormir pase a ser una tarea complicada. Por ello, debes bajar el ritmo y durante el día descansar en la medida de lo posible y estar en posiciones cómodas.

Es posible que notes menos patadas. Tu bebé no se mueve tanto, pero cuando lo haga, lo notarás más. Es más grande, tiene más fuerza y menos espacio.

También es común que sientas calambres en las piernas que te despierten por las noches, y sientas dolor en las nalgas y la pelvis.

En la primera semana del mes noveno, la placenta crece mucho debido a que debe nutrir y oxigenar al pequeño a la vez que elimina sus desechos a través del cordón umbilical. No obstante, una parte se acumula en el intestino grueso del bebé, que expulsará poco después de nacer cuando se ponga en marcha su apartado digestivo. A esta sustancia se le llama meconio.

Los órganos del bebé comienzan a funcionar e incluso se ha iniciado el sistema de autorregulación de la temperatura corporal.

En la segunda semana del último mes de embarazo, el bebé va cogiendo más peso. Su cuerpo se pone más rollizo, alcanzando su término, lo cual significa que ya estaría preparado para nacer. Toma mucho hierro. Tu bebé lo necesita y lo tomará de ti, y eso puede ocasionarte anemia si no cuentas con la cantidad de hierro adecuada. A partir de la semana 38, comenzarás a notar que cada vez puedes respirar con mayor dificultad. El bebé es muy grande y te llega a las costillas, restando espacio a tus pulmones. Lo bueno de todo esto es que, por otra parte, el útero se introduce más entre las caderas, debido al empuje que ejerce el bebé al encajarse, lo que te permitirá respirar algo mejor.

Por otra parte, el bebé, en este noveno mes, ya tiene pelo (en el caso de que no nazca pelón) y las uñas le alcanzan la punta de los dedos.

Si tu bebé es un niño, los testículos ya descienden desde las ingles, alojándose en la bolsa escrotal. Si es una niña, sus ovarios contienen todos los ovocitos (óvulos inmaduros) que utilizará durante su vida fértil. A partir de la semana 39, los controles son semanales. El ginecólogo registra el latido cardiaco del niño o niña, así como las contracciones del útero de la madre, que suelen ser aún leves, por lo que es posible que no las notes.

Además, es posible que las contracciones estén ya dilatando el cuello de la matriz. En caso de que se de esto, se ensancha el cérvix y se desprende el tapón mucoso que lo ha mantenido cerrado. Esta es una señal de que el parto está cerca.

Cuando el bebé “necesita” nacer porque no se encuentra de forma agradable o ya no respira bien, te envía señales hormonales de aviso.

El útero comienza a contraerse empujando al niño/a hacia abajo. En las contracciones el corazón del bebé se acelera y luego se tranquiliza.

Y aquí… comienza el parto.